Cosas que nunca quiero hacer

Escrito por: Bob Kauflin

Director de Gracia Soberana Música

Esta mañana, como hago a menudo, leí dos de las oraciones de El valle de la visión, editado por Arthur Bennett. He comprobado que estas oraciones me ayudan a enfocar mis pensamientos en los temas más importantes de la vida: la importancia de mi pecado, la soberanía de Dios, la obra salvadora de Cristo, las necesidades del mundo y mi destino eterno. La primera oración de esta mañana fue “Los ‘Nuncas’ del Evangelio”.

Para entenderla mejor, he dividido la oración en tres secciones. A la primera la llamo “Usar correctamente la verdad”. Tiene que ver con no buscar conocer la Palabra de Dios de una forma que no transforme mi vida. El conocimiento bíblico, la doctrina y la teología son vitales para mi vida. Pero si mi corazón no cambia como resultado, solo me estoy engañando a mí mismo. He actualizado el lenguaje para que sea más fácil de leer:

Oh Señor, que nunca deje de llegar al conocimiento de la verdad,
que nunca me conforme con un sistema de doctrina, por más bíblico que sea,
si no trae o promueve la salvación,
o me enseña a negar la impiedad y los deseos mundanos,
o me ayuda a vivir sobria, justa y piadosamente;

La segunda sección la llamo “Dependencia de la gracia”. Me recuerda que no dependo de mi voluntad o compromisos, sino de la fidelidad del Dios que me ha llamado, del Salvador que me ha redimido, y del Espíritu que me atrae.

Que nunca confíe en mis propias convicciones y resoluciones,
sino que sea fuerte en ti y en tu poder;
que nunca deje de encontrar tu gracia suficiente
en todos mis deberes, pruebas y conflictos;
que nunca olvide acudir a ti
en todas mis angustias espirituales y problemas externos,
en todas las insatisfacciones que experimento con los consuelos de las criaturas;
que nunca deje de refugiarme en aquel que está lleno de gracia y verdad,
el amigo que ama en todo tiempo,
que se compadece de mis debilidades,
y que puede hacer mucho más abundantemente de lo que pido;

La sección final aborda la “Adoración como vida”. Me recuerda que la adoración nunca puede estar confinada a una ocasión, un acto, una reunión o un evento. Jesús no me salvó simplemente para que tuviera experiencias profundas mientras canto canciones de alabanza. Me salvó para vivir para su gloria en obediencia humilde.

[Que] nunca limite mi religión a ocasiones extraordinarias,
sino que te reconozca en todos mis caminos;
que nunca restrinja mi devoción a momentos específicos,
sino que te tema todo el día;
que nunca sea piadoso solo en el día de reposo o en tu casa,
sino todos los días, tanto afuera como en casa;
que nunca convierta la piedad en una apariencia, sino en un hábito,
no solo un hábito, sino una naturaleza,
no solo una naturaleza, sino una vida.

La oración concluye con una petición final para que Dios nos muestre su bondad de cualquier manera, hasta que finalmente lo veamos cara a cara:

Hazme bien mediante todas tus disposiciones,
por todos los medios de gracia,
por la adoración, las oraciones, las alabanzas,
Y finalmente déjame entrar en ese mundo donde no hay templo,
sino solo tu gloria y la del Cordero.

Ninguno de nosotros sabe si el año que viene traerá bendición o dificultad. Pero lo que sí sabemos es que Dios envió a su Hijo para recibir el castigo por nuestros pecados, que él es soberano, y que estará obrando en nuestras vidas para hacernos como su Hijo. ¿No deseas parecerte más a Jesús al final de este año?

Confío en que sí. Así que, que nunca nos conformemos con un mero conocimiento intelectual separado de una vida transformada; que nunca dejemos de echarnos sobre los recursos ilimitados de Dios en Cristo; y que nunca dejemos de ver la adoración como una respuesta, habilitada por la gracia, de devoción total a nuestro Salvador.

*Originalmente publicado por Bob Kauflin en worshipmatters.com